Lo que Instagram hace bien y lo que no
Las redes son buenas en una cosa muy concreta: mostrarle tu trabajo a gente que todavía no te buscaba. Para eso no hay reemplazo, y una empresa B2B que las abandona pierde presencia.
El problema aparece cuando son el único canal. Porque las redes atienden a quien pasa, y el cliente que está listo para comprar no pasa: busca. Escribe en Google lo que necesita, compara tres opciones y pide presupuesto. Esa persona, la que tiene la intención más clara, es exactamente la que no te encuentra.
El problema de alquilar tu canal de venta
En una red social no controlás nada de lo que importa. No controlás a cuántos de tus seguidores les llega lo que publicás, ni el formato, ni si mañana cambia el algoritmo. Tampoco te llevás los contactos si decidís irte.
Un sitio propio invierte esa relación. El contenido queda, se puede encontrar meses después, y cada consulta que entra es tuya. Es la diferencia entre alquilar el local y comprarlo.
Qué tiene que resolver tu sitio
No alcanza con existir. Un sitio que funciona responde tres preguntas antes de pedir nada: qué hacés exactamente, para quién, y por qué alguien te elegiría en lugar del competidor que el cliente ya está mirando en otra pestaña.
Después de eso viene lo comercial. Y ahí el error más común es pedir demasiado: un formulario de diez campos cuando la persona todavía está evaluando. El primer paso tiene que ser proporcional al momento en el que está.
Cómo conviven las redes y el sitio
No compiten, hacen cosas distintas. Las redes generan reconocimiento y muestran trabajo reciente; el sitio captura a quien ya está buscando y sostiene la conversación comercial con la información completa.
Un caso concreto de cómo se conectan: publicás un trabajo terminado en Instagram, y el enlace lleva al caso completo en tu sitio, con el problema, la solución y la forma de consultar. La red hace lo que sabe hacer, y el sitio hace el resto.
No empieces por la herramienta. Empezá por la fricción y el resultado que querés cambiar.

